martes

OPERA "LUNA" COMPLETA

 

El aún por aquel entonces tenor (hoy barítono) Plácido Domingo, principal valedor del proyecto de Luna, prestó su varonil voz de poderoso metal en cuatro temas del disco: “Te quiero, morena”, el “Pasodoble de la Luna”, de clara raigambre taurina, el villancico “Y nos vamos pa Belén”, junto al Coro de Niños del Colegio Nuestra Señora del Recuerdo, y la espléndida canción “Un gitano sin su honor”, que el tenor Rolando Villazón, fascinado por ella, volvió a grabar en su álbum, Gitano. Ainhoa Arteta, por su parte, sólo cantó dos temas, “Llévame niño pal cura” y la nana “Arrorro, arrorro”, que le permitían lucir sus elevadas capacidades dramáticas en el manejo de una voz un tanto nasal pero que despuntaba por su esmaltada belleza sopranil.

Una madura Teresa Berganza nos regalaba su ya ajado instrumento pero aún timbrado y muy musical, con inflexiones un tanto histriónicas y auténtico gracejo en el decir, en la canción “Bajo el cielo de Sevilla”, una de las últimas prestaciones discográficas de la sensacional mezzosoprano madrileña que todos admiramos. Y por último, la carismática soprano Renée Fleming sólo brindaba sus vocalizaciones en el enigmático Epílogo final de la ópera. 

miércoles

NETREBKO Y VILLAZON

 

Hay parejas que sobre el escenario hacen vibrar al público y otras, siendo excelentes cantantes, no. ¿Por qué? No hay respuesta, pero en la historia de la ópera hay nombres que, puestos uno al lado del otro, aseguran emoción, belleza en el canto y buenas interpretaciones a raudales. 

Así han quedado para la memoria momentos memorables de Tebaldi y del Monaco, de Freni y Domingo o de Callas y Di Stefano, por nombrar sólo las más conocidas por el gran público. Para muchos, la última gran pareja escénica la forman Anna Netrebko y Rolando Villazón. Ellos han conseguido que, puestos sobre un escenario, la emoción se desborde, la alegría se contagie y el dolor sea sentido. Anna Netrebko y Rolando Villazón son en primer lugar dos excelentes cantantes líricos. 

Con carreras llenas de éxitos por separado. A la vez, son dos magníficos actores. Ambos llenan el escenario y saben entrar en el papel que interpretan. Y finalmente, tienen esa magia, química o como se le quiera llamar, que les hace ser estrellas en el escenario. La primera actuación juntos fue en la Bayerische Staatsoper (Munich) el 20 de julio de 2003 y la ópera fue La Traviata, bajo la dirección de Fabio Luisi. Desde entonces son muchas las óperas y conciertos que Anna Netrebko y Rolando Villazón han protagonizado juntos. 

Entre las múltiples producciones que de cada título se han hecho destacaremos las siguientes: Anna Netrebko y Rolando Villazón: Romeo et Juliette. Los Angeles Opera (2005) con dirección escénica de Ian Judge. La orquesta de la LAO la dirigía Fréderic Chaslin. Anna Netrebko y Rolando Villazón: L’elisir d’amore. Viena (2005) junto a Leo Nucci e Ildebrando D’Arcangelo. Director Alfred Eschwé. Anna Netrebko y Rolando Villazón: Manon. Berlín (2007), con dirección escénica de Vincent Paterson y Daniel Barenboim dirigiendo la Staatskapelle de Berlín. Anna Netrebko y Rolando Villazón: Rigoletto (2005) Metropolitan Opera House, New York, con Carlo Guelfi como Rigoletto. Director escénico Otto Schenk. Director musical, Asher Fisch Anna Netrebko y Rolando Villazón: La Bohème (2006) Teatro Mariinsky, San Petersburgo. Director escénico Ian Judge. Director musical, Valery Gergiev Y como no, la archifamosa Traviata de Salzburgo 2005 de Anna Netrebko y Rolando Villazón, que constituyó una auténtica revolución, de la que en este blog hay numerosa muestras por ser una de nuestras preferidas, con dirección escénica de Willy Decker y con Carlo Rizzi, en la musical

sábado

LAS NOTAS DE MARIO LANZA

Calificado por el director Arturo Toscanini como “la mayor voz del siglo XX”, Mario Lanza, cuyo nombre original era Alfredo Arnoldo Cocozza, nació el 31 de Enero de 1921 en Filadelfia. Sus padres eran inmigrantes italianos. Su madre, Maria, cuyo apellido de soltera era Lanza, tenía una hermosa voz de soprano y soñaba con una carrera de cantante, pero su padre decidió que el escenario no era lugar para una mujer casada.

El padre de Mario, Antonio Cocozza fue un héroe de la Primer Guerra Mundial y tenía una fina colección de grabaciones de óperas. A los cinco años, el pequeño “Freddy” mostró un gran interés en la vieja Vitrola familiar, la cual regularmente interpretaba grabaciones de Enrico Caruso y pronto, el joven niño estaba cantando solo con las grabaciones de Caruso. 

 A los dieciséis años, para deleite de sus padres, Freddy anunció su intención de convertirse en cantante. Su madre vio la realización de su propio sueño a través de la ambición de su hijo e hizo todo el sacrificio posible para que su hijo pudiera asistir a las lecciones que éste necesitaba. Mario fue descubierto por el director Serge Koussevitsky, quien quedó tan impresionado con su canto que le garantizó una beca para su Escuela de Música Berkshire.

Así fue como en 192, en el Festival de Música de Berkshire hizo su debut como "Fenton" en la obra “La esposa de Windsor”, cambiando su nombre a Mario Lanza en tributo a su madre. Pero, justo cuando su carrera estaba comenzando a despegar, fue interrumpida abruptamente por el deber de acudir al servicio militar obligatorio de los Estados Unidos. En Abril del mismo año, se casó con una amiga de su hermana, Betty Hicks. La unión fue bendecida con cuatro niños.

Un famoso crítico musical de aquellos tiempos dijo que Mario Lanza tenía una de las voces más hermosas que jamás había escuchado. Además dijo que tenía un exuberante carácter, pero que también era muy generoso y amable con un gran corazón, el cual era evidente por el modo en que él cantaba. Entre Octubre de 1945 y Febrero de 1946, Lanza apareció en seis programas de “Grandes momentos en la música” en Nueva York, cantando arias como por ejemplo: el dueto de amor de la ópera Otello, de Verdi.

En Mayo de 1957 Mario se mudó con su familia a Roma, donde realizó dos grandes películas “Las siete colinas de Roma” y “Por primera vez”. Mientras que en 1949, había sentido que su voz era demasiado inmadura para abrir la temporada en “La Scala” o unirse al Metropolitan Opera en Nueva York, ahora sentía que su voz había madurado y que estaba listo para el escenario operístico. Primero, se dice que se hicieron arreglos para completar las interpretaciones de las grandes operas con Maria Calas. Luego Lanza hizo extensos viajes dando conciertos por toda Europa, comenzando en Noviembre en Inglaterra con el Royal Command Performance, seguido por una extensa gira nacional, que incluyó al Royal Albert Hall, Birmingham y Sheffield Concerts. También cantó en Bélgica, Holanda, Francia y Alemania. 

Uno de sus últimos conciertos fue el 13 de Abril en Kiel, Alemania, donde su voz era “oscura y rica, y cantó como nunca antes”, esto recuerda su pianista Callinicos. En el “Triunfo de Marzo” para la escena final de “Por primera vez”, se unieron los 260 miembros de la orquesta y el coro de la Casa de Opera de Roma.

El último año de Mario estuvo plagado de una mala salud y una gran demanda de trabajo. Exhausto por trabajar demasiado, ingresó a la Clínica de Valle Giulia en Roma el 25 de Septiembre de 1959. Mario había tenido problemas con algunos dolores en su lado izquierdo, su presión sanguínea era alta y estaba sufriendo de flebitis. 

 Se llamó a un especialista cardíaco, pero para entonces Lanza había decidido volver a cantar y al trabajo. En la mañana del 7 de Octubre, Lanza llamó a su esposa diciéndole que lo esperara en su casa, pero justo antes del mediodía sufrió un ataque masivo al corazón y falleció.

domingo

A CARUSO

  

Cinco grandes intérpretes homenajean a Enrico Caruso, en esta canción de Lucio Dalla: Pavarotti, Lara Fabian, Julio Iglesias, Il Divo y el propio Dalla. Un sentido recuerdo para el que fue, según muchos amantes de la Opera, entre ellos, Plácido Domingo, el mejor tenor de todos los tiempos. 

 La fama de Enrico Caruso (1873-1921), el más grande tenor dramático de las dos primeras décadas del siglo XX, conquistó alturas tan universales a lo largo de su vida que hasta los que no estaban interesados en la ópera conocieron su nombre. Hoy, casi cien años después de su muerte, Caruso sigue haciendo las delicias de los amantes de la música en el mundo entero, gracias al rico legado que nos dejó en sus discos de fonógrafo. Enrico Caruso nació en Nápoles, Italia, el 27 de febrero de 1873. Fue rico la mayor parte de su vida y era un hombre sencillo, a quien encantaba la paz. Medía 1.75 metros de estatura, pesaba unos 80 kilos, y solía perder temporalmente cerca de kilo y medio después de una actuación en las tablas. 

Entre sus hábitos personales estaba el de fumar constantemente cigarrillos egipcios, pero no comía mucho. Cuando cantaba ópera se cambiaba de camisa en los entreactos y se perfumaba con agua de colonia mientras se ponía otra ropa. La noche antes de cantar solía tomarse medio frasco de magnesio en polvo Henri con agua, antes de acostarse para dormir ocho horas. El 12 de febrero de 1921 el doctor Erdmann le quitaba más de diez centímetros de costilla. “Cuando se le abrió el pecho —comentó el cirujano—, salió el pus más hediondo que he visto y olido en mi vida”. Durante diez días, el estado general de Caruso fue muy débil, pero logró reponerse lo suficiente para que se le pudiesen hacer radiografías del pecho. En ellas se apreciaba “que se le había contraído el pulmón izquierdo”. 

Durante la parte primera de su convalecencia, Caruso se quejó de parestesia en la mano derecha: “¿Qué me pasa en los dedos? —preguntó a los médicos—. Siento como en los pies cuando se me quedan dormidos”. La atrofia visible de los músculos de la mano siguió a la aparición de esta sensación. El pulgar y el índice se le debilitaron, con lo cual le resultaba difícil escribir. Aunque no se han encontrado datos de un reconocimiento neurológico de Caruso, puede suponerse que le lesionaron de alguna manera, acaso mientras estaba bajo los efectos de la anestesia, el plexo braquial, o sea, la intrincada cadena nerviosa localizada en la axila. 

El examen que le hizo el doctor Erdmann descubrió que se le había formado un absceso profundo entre la cadera y las costillas. Se le practicó una incisión en el absceso del flanco izquierdo y se le dejó un drenaje, esta vez con anestesia general. En total, se le habían abierto cinco abscesos en la misma zona general, y se le habían administrado dos transfusiones de sangre. Aunque Caruso mejoró notablemente después de las transfusiones, se preocupó mucho por otros posibles efectos. “Ya no tengo sangre italiana pura —decía—. ¿Qué soy ahora?”

viernes

ANNA NETREBKO


Anna Yuryevna Netrebko nació el 18 de septiembre de 1971 en Krasnodar, Rusia. Es una cantante soprano ruso-austriaca. Es conocida por su suntuosa voz, su buena técnica musical y su belleza física. 

 Comenzó su carrera artística como humilde fregatriz en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo (sede de la Ópera Kirov), donde llamó la atención del director de orquesta Valery Gergiev y en consecuencia se hizo su mentor musical. Guiada por el genio de Gergiev, debutó en el Mariinsky como Susana en Las bodas de Fígaro. Siguió cantando papeles destacados con la Ópera Kirov, incluyendo Amina en La sonnambula, Pamina en La flauta mágica, Rosina en El barbero de Sevilla, y Lucía en Lucia di Lammermoor. 

En 1995, con veinticuatro años, debutó en Estados Unidos, como Ludmila, en la ópera de Mijaíl Glinka "Ruslan y Ludmila" en la Ópera de San Francisco. Después de su exitosa representación, se convirtió en frecuente cantante invitada en todo el mundo. La voz de Netrebko es notable por tener tanto la suavidad y flexibilidad de una soprano lírica y la resonancia y oscuro timbre de una soprano lírico spinto. Tiene una amplia tesitura, siendo capaz de alcanzar el Mi bemol alto de soprano e incluso fás más agudos. 

En marzo de 2006, Netrebko solicitó ser ciudadana austriaca, recibiendo su ciudadanía a finales de julio. De acuerdo con una entrevista en las noticias semanales austriacas, vivirá en Viena y Salzburgo. Esto ha provocado polémica en Rusia – Historia en el "Moscow Times". La hermosa soprano rusa que se naturalizó hace un año austriaca, encarna como nunca el máximo glamur que despierta el arte operístico. 

Para algunos, la leyenda Callas empieza a quedar lejos. Para la prensa del corazón la historia de Netrebko significa un jugoso negocio: se inició en la ópera limpiando pisos en el Teatro Mariinski de San Petersburgo hasta que Valery Gergiev, el director de ese templo operístico y balletístico, la apadrinó y hoy puebla los sueños de muchos y las leyendas rosas: alivia sus depresiones comprando lencería y ropa de lujo y se divierte practicando tiro con armas de fuego.